Bruno Unna

Palabras desnudas, privadas de vergüenza (y de sentido)

Ancianidad

Primero fue la vista. Bueno, no: fueron los ojos. Rojos, irritados, inquietos. Dos días después, estába tratándome una «conjuntivitis aguda intensa».

Unos días más tarde, y con los ojos todavía hechos tomate, llegó la tendinitis. Se ensañó con mi tobillo derecho. Dolor, mucho dolor.

Con el nuevo tratamiento de la conjuntivitis (el primero no me sirvió sino para empeorarla) haciendo su trabajo, vino la sinusitis. El seno frontal derecho, ocupado. Más dolor. A menos de dos semanas de que todo comenzara.

Hay bromas frecuentes, y simpáticas, por cierto, sobre mi condición. Divierten a mis amigos, me divierten a mí. Pero detrás de ellas hay una inquietud germinando. ¿Es la casualidad actuando, certera, sobre mi persona? ¿Existe otra causa subyacente a mis males? ¿Comienza mi cuerpo a traicionarme? Pues eso siento: una traición.

Me estoy haciendo viejo. Esto que tengo no es sino el primer conjunto de achaques. Saberlo tiene, como lado positivo, una reivindicación de mi miedo a morir. Es tiempo de volver a tener respeto por mi propia muerte.

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2 Responses

  1. Guillermo Espinosa dice:

    No sé qué edad tienes, Bruno, pero quiero decirte lo que alguna vez un amigo me dijo: “si a la hora de levantarte, después de dormir, no te duele nada, es que estás muerto”.

    Maurice Chevalier, en su avanzada edad, a la pregunta “¿cómo te sientes?”, respondía “ante la alternativa, me siento de maravilla”.

    Tu cuerpo te traicionaría si no se hiciera viejo; eso sí sería faltar a lo establecido.

    Saluda mucho, y muy cálidamente, a Sofía, Mabel, y a Bruno (el joven). Para ti, va mi deseo de que la resignación llegue pronto, y mi abrazo fraternal.

  2. SanGatiche dice:

    Maestro Br00n1kz:

    Acabo de visitar un lugar muy bonito donde la gente vieja con muchísimo dinero va a asolearse mientras espera su muerte.

    Me quedó muy claro que no quiero un futuro parecido.

    La muerte puede llegar en la plenitud de la vida, de sorpresa o de forma lenta y tormentosa. Pero la certeza de su eventual llegada más bien debería motivarnos todos los días a levantarnos sin importar la magnitud del dolor físico o mental que tengamos en ese momento.

    Considerando la cantidad de abusos a la que se ve sujeto nuestro hardware, la verdad es que sorprende su durabilidad así como su capacidad para seguir funcionando aún bajo condiciones menos que ideales.

    Hay que cambiar con los cambios, pero conservando la esencia.

    El tiempo quizá nos hace sentir un poquito más débiles cada día. Pero hay que estar bien conscientes que el día que ya no queramos levantarnos por el dolor, bien pueden darnos por muertos de facto.

    Hasta el mismísmo Gregory House, misántropo por antonomasia, no es ajeno a la condición humana.

    Un abrazo para tí y tu familia desde mi infierno personal del otro lado del charco 😉

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