Cuando llega la oscuridad sólo queda el miedo. La oscuridad no llega sola: llega junto con el silencio, y con el frío. A oscuras sólo te acompaña la añoranza de la luz; y en silencio te queda el recuerdo del sonido. El silencio es cortante: es el frío dolor de una navaja en la piel. La oscuridad es una promesa, o mejor: una certeza; la oscuridad es la señal de que se ha muerto y de que el infierno comienza aquí y ahora.
Tienes la ilusión de un mañana. Sueñas con él, porque imaginas, inocente, que alguna ingerencia en su forma has de disfrutar. Te engañas. El futuro es igual de vaporoso y ausente que el pasado: mayormente imaginación, con una muy somera dosis de realidad. Tu mañana no existe, es una ilusión. Tu ayer desaparecerá contigo cuando te hayas ido, cuando hayas muerto.
Ojalá que esté yo equivocado. Que los dioses te miren con buenos ojos, que una diosa se enamore de ti y te proteja. Ojalá que la suerte exista y te vuelva especial, te cambie la vida y la visión, te haga transcendente.
Pero lo dudo.
Pero no lo creo.
Llevas puesta la camisa de fuerza, la que raspa, la que tiene manchas de sangre y vómito. Lo sé porque tú eres yo. Y yo soy tú. Y me apiado de ti porque siento el derecho de hacerlo. Sólo de ti, porque no puedo hacerlo de nadie más. Te contemplo y el llanto brota, triste de esa forma y en esa medida es tu situación a mis ojos. El momento del arte ha pasado, y no supiste aprovecharlo.
Estás perdido en la montaña. La noche se acerca, y trae consigo la oscuridad. Y el silencio. ¿Recordarás mis palabras antes de morir? Yo estaré contigo, pero estarás completamente solo. Espero morir antes que tú, para no entristecerme mirando tu fin.
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