¿Qué soy yo? ¿Quién soy? ¿Quién es mi dueño?
Tengo cinco palabras qué decir, y quinientos demonios que las contienen; quinientas bestias ágiles que las mantienen sumergidas en la profundidad oscura y fría de la que quisieran emerger.
Cinco palabras que se arraigan en la esperanza, sin darse cuenta de que son hijas de una madre muerta. Así han de morir: ahogadas e inútiles; de infinita potencia pero escasa realidad. Y una vez muertas yo he de deshacerme de sus cadáveres, seguramente devorándolos.
Esta vida maravillosa es un parto muy doloroso y prolongado.
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