Bruno Unna

Palabras desnudas, privadas de vergüenza (y de sentido)

Juego de palabras

Vamos en el coche. Sofía ha hecho algo que amerita un castigo. El problema: el castigo afectará también a Brunito. Así que éste pregunta:

– ¿Y a mí por qué me castigan? ¡Yo no he hecho nada!

Y le contesto:

– No has hecho nada. Lo lamento, pero te toca pagar el pato.

– ¿Pagar el pato? ¡Interesante juego de palabras!

– …

Archivado bajo:Family, Humour , , , , , , ,

Heroico, pero…

Jugando rudamente –como es habitual– con Brunito, me dice de pronto:

– Papá: ¡eres muy heroico!

– ¿De verdad, Brunito?

– Sí: pero poco inteligente.

Archivado bajo:Family, Humour , , , ,

Extremos (jabonosos)

Jugando con pompas de jabón, Brunito nos ha deleitado con dos ocurrencias de las que –me parece– sólo él es capaz.

Primero, tras haber hecho pompas grandes, y también pequeñas, hace una normal. Y comenta, con gran asombro:

– ¡Qué pompa más mediana!

Un rato después, aburrido de hacer pompas, tiene un accidente y se echa agua jabonosa en el ojo. Acude conmigo, y entre los terribles sufrimientos asociados con el enjuage, me comenta:

- ¡No puedo ver, estoy ciego! Recuerdo cómo era cuando podía ver…

Archivado bajo:Family, Humour , , , , , , , , ,

Infantiles

¿Qué le dijo Bruno André (de cuatro años) a Sofía (de seis) cuando descubrió que no le gustaba algo de lo que dijo ésta?

- ¡Qué infantil eres, Sofía!

Archivado bajo:Family, Humour, Psychology , , , , , ,

¿Por dónde se infla un niño?

Juego con Brunito, un poco rudamente. Lo levanto en vilo, y lo arrojo al sofá. Me abalanzo sobre él y le levanto la camiseta, descubriendo su ombligo:

– ¡Te has desinflado! Ahora te inflaré de nuevo.

– ¡No, no, no! –Me grita, mientras se retuerce de la risa.

– ¡Que sí, qué sí! –Mientras me aplico a soplarle con fuerza el ombligo.

Y entonces, súbitamente, me dice:

– ¡Pero a mí me tienes que inflar por el pene!

Archivado bajo:Family, Humour , , , , ,

Se te ve…

Sentados ante la mesa, observo con fascinación cómo Brunito, que es muy listo, observa y aprende. Y le digo:

- Se te ven las sinapsis, hijo mío.
- ¡Y a ti se te ve el culo!

Archivado bajo:Family, Humour, Psychology , , , , , , ,

Las hermosas preguntas

Caminábamos Tino, mis hijos y yo por el campo, desde Villaturiel y con dirección al río (Porma). Atardecía, y la combinación de las nubes abigarradas y los anaranjados colores hacían del cielo un espectáculo fascinante. Así que me dirigí a Brunito:

- Mira el cielo, Brunito. ¿Has visto esas nubes rojizas?

- ¿Y por qué están rojizas?

- Porque está atardeciendo.

- ¿Y por qué está atardeciendo?

- Eso ya lo sabes, Bruno: la tierra gira, y conforme lo hace el sol incide con un ángulo distinto y…

- ¿Y por qué se ven rojas?

- Y bueno: hace que se vean hermosas.

- ¿Y por qué se ven hermosas?

- Pues porque nos gustan. Que se vean hermosas significa que nos gustan.

- ¿Y por qué nos gustan?

Llegados a este punto ya no pude contestarle. Asimilé su pregunta como mía: ¿por qué nos gusta el cielo del atardecer? ¿Por qué nos gustan los atardeceres? ¿Por qué los amaneceres?

- No lo sé, Bruno. Realmente no lo sé.

Qué hermosas preguntas hacen los niños. Son potentes, al carecer del recato debido a las formas y los prejuicios. Mejores retos que contestar a los niños a satisfacción, pocos conozco.

Archivado bajo:Family, Psychology , , , , , , , , ,

¿En qué concepto me tiene mi hijo?

Es de noche ya, y a Brunito se le antoja un dulce:

- Papi, ¿me das un dulce?

- No, pequeño. Ya es muy tarde y no debes comer más dulces.

Pasa un rato. Me alejo, con rumbo a la cocina. Detrás de mí, con sigilo, viene Brunito:

- Papi: ¡eres muy cabrón!

Archivado bajo:Family, Humour , , , , ,

Comienza con la letra ele

Mabel y Brunito juegan al «veo, veo», un juego muy popular entre los niños de este país. A Mabel le toca escoger una cosa, y a Brunito adivinar. Así que comienza Mabel:

- Veo, veo…

- ¿Qué ves?

- Una cosita.

- ¿Y qué cosita es?

- Comienza con la letra ele.

- ¡Un elefante!

Archivado bajo:Family, Humour, Psychology , , , , , ,

Uno, dos, tres, cuatro: ¡labadodada!

Yo (susurrando al oído de Bruno): Uno, dos, tres, cuatro: ¡labadodada!

Brunito: ¡No digas eso!

Yo: ¿Pero por qué? ¡Si a ti te encanta esa frase, tú la inventaste!

Brunito (entre risotadas): Uno, dos, tres, cuatro: ¡labadodada!

Esa frase es un absurdo que se ha «institucionalizado» dentro de la familia. La ha inventado Brunito, y no tenemos la menor idea de dónde la sacó, qué significa o por qué le gusta tanto. Pero cuando está contento es común que llegue diciendo: «uno, dos, tres cuatro: ¡labadodada!».

Esa y otras ocurrencias tienen una naturaleza atesorable. Absurda a priori, pero que adquieren su significación a base del uso, de los contextos de su uso. Ahora, decir esa frase y algunas otras me permite abrir un canal de comunicaciones con él. Es una suerte de contraseña, de complicidad. Un pasaporte a su risa mágica. Un pretexto para cargarlo y besuquearlo hasta que me dice «¡basta, no me beses más!».

Archivado bajo:Family, Psychology , , , , , , ,