Posts filed under 'Psychology'

Alter ego

Ahora de verdad me he descubierto en conflicto conmigo mismo. Esta vez los extremos se han juntado… sin reconocerse. Lo que he desarrollado es un verdadero «alter ego», y no otra cosa.

Trataré de ser como el Buda, y fracasaré, por supuesto. Por lo de «ego».

Buscaré el camino de Sócrates, y también en eso fracasaré. Por lo de «alter».

Acabaré siendo una princesa sin castillo, o un «clochard» impoluto. Seré una celebridad anónima.


1 comment June 30, 2008

Predictibilidad

Es la predictibilidad de los eventos una bendición. ¿Qué clase de civilización podría construirse sin un nivel satisfactorio de predictibilidad?

Pero es la predictibilidad también una maldición. Es la fuga por la cual se cuela, se escapa, se pierde el sentido del sentido. Es la cura a la adicción a la mágica inverosimilitud de los hechos, mismos que sólo lo serían en ausencia de un mejor marco de referencia, pero que son ahora duros y fríos.

No creer, saber cómo terminará esta sesión, o este día, o esta relación. Recordar cómo serán las cosas inmediatas, y las que sigan, y recordar también cómo serán, el día en que yo muera. Eso se llama predictibilidad.


Add comment June 25, 2008

Un día especial

Tradicionalmente hoy, 23 de junio, es un día especial en este lugar en el que vivo. Es la festividad de San Juan.

Antiguamente, en esta fecha (o muy cercanamente) se celebraba el solsticio de Verano. No hace falta, por supuesto, que yo elabore sobre la importancia que puede tener un día como tal en las costumbres, tradiciones y creencias de un pueblo.

No es exactamente el día más largo del año (el solsticio ocurrió justo ayer), ¡pero es quizá el más mierda! Y digo «quizá» porque Satanás siempre se reserva el derecho de sorprendernos, y lo ejerce de vez en cuando.

Todavía, sin embargo, pueden verse aquí y alla rastros del antiguo carácter pagano de estas celebraciones.

A mitad del recorrido que va de la plaza de toros al Hostal de San Marcos, por ejemplo, se halla la «Glorieta de Guzmán el Bueno». En ella toma lugar una representación que simplemente no puede ser cristiana: la «quema de San Juan».

Lo especial del caso, me parece, es la transparencia con que es aceptada en la mente de los lugareños la convivencia de los ritos católicos con los de otras, diversas, procedencias.

Un ejemplo clarísimo de una síntesis semejante (conceptualmente), si bien más claramente sincrética, es la práctica del vudú: elementos cristianos amalgamados con una cosmogonía importada de África, sin proclama de conflicto en las mentes de los creyentes.

Sorprendente, sin duda. O quizá lo sorprendente sería, para ser más rico en los juicios, que fuera de otra manera. ¿Qué experiencia mística, o al menos tradicional, no es la fusión de culturas que sólo en apariencia son incompatibles? ¿Qué tiene que ocurrir para que dos sistemas de creencias sean realmente incompatibles?

Ignoro la respuesta, aunque a manera de experimentación sociológica alguna aproximación a dicha pregunta me gustaría ver.

Sobre el tema, quizá los más avezados podrán señalar pueblos, poblaciones o influencias que, por razones históricas, no se han visto envueltos en mezcolanzas de esta índole. Pienso básicamente en grupos humanos reducidos y aislados del entorno comunicativo (antropológicamente hablando) característico de Occidente: tribus en el corazón africano, o en el desierto Subsahariano. Quizá la tundra septentrional de Mongolia.

Durante mucho tiempo creí en la universalidad de los criterios de juicio de la sociedad que me contenía, he de confesarlo. Mirar los documentales sobre lugares realmente lejanos, en más de un sentido, se me antojaba francamente irreal.

Entonces llegó el momento de conocer un poco más allá de la punta de mi nariz y, aunque sigo siendo un ratón encerrado, esta vez en el hemisferio norte y en el hemisferio occidental, al menos me ha bastado para perder toda la confianza que tenía en mis propios juicios de valor cultural.

A qué me ha llevado la observación de estos rasgos culturales hispánicos es, francamente, motivo de regocijo. Me gusta este pueblo. Me gusta esta gente. No por completo, pero en general el balance sale positivo. Y me gusta reconocer tantos elementos de mi propia cultura, la que hube de mamar, en gente (anciana, hay que decirlo), a tantos y tantos y tantos kilómetros de distancia.

Donde hay gente, hay cultura, comunicación, tradición, conocimiento, sabiduría. Es clave, fundamental, importantísimo, mantener esa mentalidad. A veces lo olvido, de lo integrado que ya me siento a este pueblo español. Días como hoy me lo recuerdan.


Add comment June 23, 2008

Mi museo personal

Gobierno mi mente con la mano izquierda, malamente. La gobierno porque temo a la anarquía, porque vivir con incertidumbre me ha parecido preferible a morir con certeza.

Un secreto, sólo uno, me queda en el corazón. ¿Te lo diré, acaso? Yo creo que no, porque es la fuente del poco poder que conservo. Yo creo que sí, porque me quema, porque quiere dejarme atrás, ser libre, vivir su vida, suicidarse.

Sólo un secreto, sí: pero es un secreto mortal. En él he cifrado mis esperanzas vitales, mi identidad, mi género y mi especie. Si decido compartirlo, será como quedar desnudo en la tundra.

Tengo, sí, un gobierno deficiente, un secreto a voces y algunos otros absurdos, sistemáticamente preservados en un museo desierto, ardiendo en deseos de que lo visiten. De que lo visite alguien. Quien sea. Pronto.

Abro hoy las puertas de mi museo. Clausuro la taquilla, desempolvo las piezas, friego los pisos. Pinto las columnas. Abro las ventanas, todas, para inundar con luz y aire fresco su seno, buscando que mi gobierno, mi secreto y todos los adefesios que conservo sean vistos y así, buena o malamente, juzgados.

Será mañana, quizá, que mi angustiosa espera termine. O no, quizá después. O quizá nunca. Hoy no puedo saberlo, no quiero saberlo, y menos todavía decidirlo. Será mañana que lo decida. O no, quizá después. O quizá nunca…


Add comment June 22, 2008

Se te ve…

Sentados ante la mesa, observo con fascinación cómo Brunito, que es muy listo, observa y aprende. Y le digo:

- Se te ven las sinapsis, hijo mío.
- ¡Y a ti se te ve el culo!


Add comment June 15, 2008

Today’s word

Today’s word is limerence:

Limerence, as posited by psychologist Dorothy Tennov, is an attempt at a scientific study into the nature of romantic love. The meaning of the word, which was coined by Tennov in 1977, is an involuntary cognitive and emotional state in which a person feels an intense romantic desire for another person, the limerent object.

(As posted in Wikipedia).


Add comment June 8, 2008

Resistencia

Pues bien: ¿por qué te resistes? ¿A qué temes?

Las eras hablan a través de los signos manifiestos. La inmanencia, lo trascendente, el destino, que es la fuente de todo lo que ha ocurrido desde el principio. El tiempo, tras desnudarse ante tus ojos, se ha puesto su traje gris.
Las gotas resbalan casi horizontales, del otro lado de la ventanilla. De cuando en cuando, el breve rugido de un poste al pasar. La uniformidad de la potente maquinaria que nos transporta me obliga a sopesar mi postura, a volver a sentirme débil y pequeño.
La noche está aquí, es sólo que sigue siendo de día. Las nubes más cercanas al horizonte, hacia el Noroeste, son blancas, tienen por dentro una refulgencia que se antoja mágica. Hacia el Norte se adivina una tormenta, hermana de la que acabamos de dejar atrás.

¿Por qué te resistes? Está escrita tu herida, es imposible de curar. Y está escrito que por esa herida sangrarás, pero no sangre. Tinta. Quieres engañarte, creer que el dolor es ajeno, o es lejano. Pero sabes, con el corazón, que tú eres el dolor, y que el dolor es tuyo, y eres tú mismo. Gritas y lloras con parsimonia. Te desgarras en las entrañas, acomodando lentamente una letra detrás de otra, detrás de otra, volviendo sobre tus pasos y cambiando comas (que son débiles), tildes, o mutando palabras para que cada una sea conforme con su enigmático destino dentro de una oración.

El cielo triste, agonizante, lloroso, se rinde: míralo, exangüe y hasta cobarde; son ahora los campos los que regalan la luz. Campos verdes, casi fosforescentes, aprovechándose de la coyuntura para relucir y envanecerse. Campos amarillos, de potencia cromática indudable, dándose el lujo de permitir el vislumbrar de la mismísima tierra, con explosiones de amapolas aquí y allá. Y en lontananza campos azules, sí: azules en las colinas y en la base de las montañas. Todos los colores están en rebelión, abusando del repentino poder que les da la momentánea debilidad celeste.

Y tú, ¿quién eres? ¿Qué te has creído, que te sientes dueño de ti mismo? ¿Acaso crees que eres para ti? ¿O que eres por ti? Nada de eso, comprende de una vez. Eres un vehículo. Eres una máquina de humanidad. Tu destino existe, y es sólo en tu inocencia estúpida que lo quieres aniquilar. Eres patético: como un pisador de uvas orgulloso por pisar lo que otros comen; o como un cocinero que espera gratitud. Necesitas un ego para hacer tu trabajo. Necesitas una conciencia. Necesitas una inteligencia. Pero tú no eres tu ego, por mucho que te cueste entenderlo. No eres tu conciencia, por extraño que te parezca. Y por supuesto no eres tu inteligencia. El ego y la inteligencia son substancias que por separado funcionan bien, pero que al juntarse reaccionan aniquilándose mutuamente. Así que no seas egoísta y mantenlas separadas. Así que no seas estúpido y mantenlas separadas. Así que no seas lo que siempre has sido, como siempre has sido, aprende algo de una puta vez y mantenlas separadas. Haz tu trabajo. Y no esperes recompensa, pues tu trabajo es sangrar, sufrir, dolerte. Tu trabajo es gemir y gritar, pero con precisión quirúrgica, y luego callar.

Este extraño tubo, largo y poderoso, perfora el tiempo. Se hunde de lleno en un bosque de amenazantes árboles, ansiosos por engullirlo, salvándose en el último instante, cada instante, escapando sobre sus rieles. Y voy yo dentro: soy la memoria del tren. Soy el tren. En realidad, soy un pequeño parásito en su inmensa barriga. Soy el parásito del carro seis, asiento 211. Asiento 212, también, porque mi compañero parásito ha decidido dejar su cuerpo en otra parte, y su lugar es un poco más cómodo. Así que el acto maravilloso de perforar el tiempo así funciona: me introduzco en el tren, me dispongo a esperar. Espero, y cuando termino de hacerlo ha ocurrido el milagro: estoy en otro lugar, y en otro momento.

¿Aún estás aquí? No dejas de sorprenderme. Creí que habrías renunciado, que te habrías resistido, como es habitual en ti. Has buscado decepcionarme, y todavía no lo has conseguido. Te esfuerzas, lo sé, pero esta vez tu tiempo, tu futuro en confabulación con tu pasado, han elegido no insinuar crípticos mensajes a tu oído; ya lo ves, ya lo puedes escuchar: esta vez tu tiempo está tirando de tu psique, adueñándose de ella. Esta vez no habrás de «escaquearte», porque te tienen cogido de lo más íntimo. Y lo más íntimo no son tus genitales, idiota.

Es de noche ya cuando el tren relaja su marcha para entrar en la ciudad de Valladolid. Unos minutos en la estación me bastan para comprender que no soy el único ente patético a bordo: pasajeros apiñados en las puertas, sin atreverse a bajar pero sin resistirse a fumar. A toda prisa sacan el cigarrillo que tenían preparado y el «mechero». Y a toda prisa también dan tantas fumadas como pueden, absteniéndose de conversar para no desperdiciar los valiosos segundos, para no perder ni una sola de las inhalaciones potenciales. ¡Oh, qué lamentable escena! Pero he de consolarme en el increíble espectáculo que tengo ahora a mi izquierda, hacia el poniente. El Sol no se ha posado con suavidad en el horizonte: se ha estrellado contra él. Y ha salpicado de una luz que se me antoja angélica a las nubes que cruzaban por ese punto preciso el cielo en ese instante. Las nubes mutiladas, abigarradas, violadas, son incapaces ahora de cubrir por completo el majestuoso tono azul tras ellas. Agujeros largos y estrechos, como heridas, permiten descubrir el valioso tesoro que las nubes guardaban para sí mismas: un cielo tan hermoso que mirarlo embelesa al insensible. Pero no: no son heridas. No hay sangre, ni pus. No hay dolor, no hay persecución. No hay miedo. Lo que hay es una atracción hipnótica, irresistible e inefable salvo por estos lamentables intentos. El firmamento está exhibiéndose, impúdico. Estoy mirando la vagina del firmamento, y en su interior estoy distinguiendo el tono de la eternidad.

Sigue probando, pequeño, a ser lo que no eres. Veremos cuánto duras, aunque sé ya que no será mucho. Te debes a otros, y no se te permitirá la libertad. Jamás.


1 comment May 24, 2008

Aprendiendo a fracasar

El mundo es cruel y frío, y con frecuencia nos obliga a poner los pies en la tierra.

Pensar que siempre se tendrá éxito en los retos aceptados es una ilusión. Es una útil motivación, pero creerlo a pies juntillas es inocente, o francamente tonto.

Es necesario, en el afán de evitar el sufrimiento, aprender a mantener un delicado balance entre el afán de lograr los resultados propuestos y la habilidad de reconocer la derrota. Es importante aprender a fallar. Es requerido asimilar el fracaso, de vez en cuando.

¿Pero cómo enseñar a mis hijos a fracasar, si yo mismo no lo he aprendido? Sufro cuando fracaso. Sufro mucho. Terrible paradoja: no consigo aprender a fracasar, por mucho que lo intento.


1 comment May 7, 2008

El nuevo Tántalo

Miro, deseo. Me esfuerzo, fracaso.

Renuncio, fracaso. Renazco, fracaso.

Sufro.

Soy el nuevo Tántalo.


Add comment May 2, 2008

Las hermosas preguntas

Caminábamos Tino, mis hijos y yo por el campo, desde Villaturiel y con dirección al río (Porma). Atardecía, y la combinación de las nubes abigarradas y los anaranjados colores hacían del cielo un espectáculo fascinante. Así que me dirigí a Brunito:

- Mira el cielo, Brunito. ¿Has visto esas nubes rojizas?

- ¿Y por qué están rojizas?

- Porque está atardeciendo.

- ¿Y por qué está atardeciendo?

- Eso ya lo sabes, Bruno: la tierra gira, y conforme lo hace el sol incide con un ángulo distinto y…

- ¿Y por qué se ven rojas?

- Y bueno: hace que se vean hermosas.

- ¿Y por qué se ven hermosas?

- Pues porque nos gustan. Que se vean hermosas significa que nos gustan.

- ¿Y por qué nos gustan?

Llegados a este punto ya no pude contestarle. Asimilé su pregunta como mía: ¿por qué nos gusta el cielo del atardecer? ¿Por qué nos gustan los atardeceres? ¿Por qué los amaneceres?

- No lo sé, Bruno. Realmente no lo sé.

Qué hermosas preguntas hacen los niños. Son potentes, al carecer del recato debido a las formas y los prejuicios. Mejores retos que contestar a los niños a satisfacción, pocos conozco.


Add comment April 29, 2008

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